Las ballenas consumen químicos procedentes de la degradación del plástico

Las noticias sobre ballenas muertas en la playa ya no son algo anecdótico y cada vez aparecen con más frecuencia. Uno de los casos más sonados fue el que ocurrió en marzo de 2019 en Filipinas cuando se encontró una ballena que llevaba 40 kilos de bolsas de plástico en su estómago. El cúmulo de las diversas piezas en el interior de la ballena se había compactado, de modo que su estómago estaba duro “como una pelota de béisbol” en palabras de Darrell Blatchley, el biólogo marino que se ocupó del cetáceo.

Es una realidad desagradable y recientemente los investigadores del CSIC han descubierto algo alarmante que concierne a las ballenas del Atlántico. Ya no es el hecho de que encuentren piezas de plástico en su interior, sino que tienen evidencia de que acumulan en el organismo sustancias químicas que proceden del plástico como son los plastificantes y los retardantes.

En el Atlántico el plástico se acumula cada vez más rápido y en mayores cantidades

El estudio se realizó con muestras recogidas de una ballena de aleta y del krill, un pequeño crustáceo que es el alimento principal de este cetáceo. Ambas especies viven cerca de la costa islandesa. Se recogieron muestras de 20 ejemplares de ballena que fueron cazados, ya que en Islandia es legal, y 10 ejemplares de krill y en todas ellas había un microgramo de plástico por gramo de tejido. Las sustancias que liberan son potencialmente cancerígenas y pueden generar problemas endocrinos, reproductivos, etc.

¿Por qué las ballenas consumen plástico?

No se sabe a ciencia cierta qué atrae a los animales marinos a consumir plástico. Explicar el consumo de partículas de microplástico por parte de los animales es relativamente fácil, pero las piezas más grandes siguen generando dudas a la comunidad científica.


Algunas especies como las anchoas o las tortugas se sienten atraídas por el olor de las piezas de plástico porque se recubren de algas, pero esto para nada sería una justificación válida sobre su ingesta realizada por las ballenas que por norma general se alimentan de otros animales.

Incluso especies de ballenas que cazan a profundidades de medio kilómetro bajo el mar aparecen muertas en las playas con grandes cantidades de plástico en sus estómagos a pesar de que el plástico suela flotar.

La acumulación de plásticos en el Atlántico se ha acelerado con el tiempo

La científica de Marine Biological Association Clare Ostle y su grupo de investigación encontraron evidencia de que en el Atlántico Norte la cantidad de plástico no solo ha aumentado con el paso de las décadas, sino que su acumulación ha adoptado una velocidad vertiginosa.

A partir del año 2000 los residuos plásticos en el Océano comenzaron a acumularse diez veces más rápido que en la década de los 90. Emplearon datos que recogían el periodo comprendido entre el año 1957, que es cuando comenzó a haber registros, y 2016.

Un grupo de científicos gallegos advirtió que estamos ignorando la dimensión real del problema que supone la acumulación de plástico en las grandes masas de agua. Fue la conclusión a la que llegaron después de estudiar la isla de plástico que hay en el Atlántico.

La degradación del plástico hace que sea muy difícil cuantificar su cantidad en el agua y las piezas que son visibles son solo parte del problema, pues en los océanos hay microplásticos que pueden adherirse a diversas superficies y pueden ser consumidas por diversas especies, algo que dificulta su supervivencia. Las ballenas no son las únicas expuestas a este peligro, otras especies marinas e incluso el ser humano consume microplásticos a diario.

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