El futuro del petróleo pende de un hilo

Desde que comenzó la pandemia del coronavirus, sobre todo en Estados Unidos, a diario se reporta el desplome de los precios de los carburantes por la falta de demanda que ha ocasionado el confinamiento. De vez en cuando el precio rebota, pero al día siguiente vuelve a caer. Parece que han llegado las vacas flacas a un sector que no acostumbra a una demanda baja.

Los niveles de consumo actuales de carburantes, según reporta EFE, se sitúan en los mismos niveles que en 1973. Algo que ha permitido una notoria mejora en la calidad del aire en marzo y abril.

La crisis del coronavirus ha catapultado los precios y la demanda del petróleo varias décadas atrás

Fernado Prieto del Observatorio de Sostenibilidad puntualizó a la agencia que «el coronavirus y el confinamiento han tenido un impacto “absolutamente inusual” en el mercado de combustibles, que ha provocado un ahorro en las importaciones y la salida de divisas, con la consiguiente parada casi absoluta del automóvil, del sector de la aviación y una disminución de la demanda energética que ha reducido la quema de gas.».

¿Consumiremos menos combustible en el futuro?

Mientras el pánico se apodera de los grandes productores del petróleo que anuncian bajadas en la producción, como sucede en el caso de Rusia que la recortará en un 19% en relación con febrero, los ecologistas ven esperanza. No es para menos porque las estimaciones hablan de que el consumo de productos petrolíferos han caído un 15% en el mes de marzo y que un hipotético parón total en el transporte de mercancías haría que las emisiones de CO2 en España cayera un 27%.

La situación de la petrolífera de referencia en Europa, Brent, no es tan dramática como en Estados Unidos o Rusia, aunque los precios están en el mismo punto que hace veinte años. En los próximos años su funcionamiento se verá alterado por las medidas del Pacto Verde.

Algunas petroleras como BP, Shell, Exxon Mobil y Equinor hace tiempo que se aventuraron lanzarse al mundo de las energías renovables para no caer de su posición hegemónica en el mercado. El problema de este tándem en el que están las energías renovables y el petróleo es que la apuesta de los inversores por el petróleo reorienta el mercado hacia su uso. Ahora que su valor cae en picado existe la posibilidad de que la balanza se incline definitivamente hacia las renovables y ayudará a impulsar las políticas en materia de sostenibilidad que se avecinan en los próximos años.

Ya en 2019 casi tres cuartos de las nuevas infraestructuras para producir energía eran de fuentes renovables. En Europa y Estados Unidos estas tasas se situaron en el 70%. Un mayor problema puede suponer la producción de energía en Oriente Medio donde tan solo el 26% de la energía viene de fuentes renovables debido a sus grandes reservas de petróleo mientras que la media global del consumo de renovables según el informe de Irena fue de 34,7%.

Todos estos datos apuntan a una cosa: las energías renovables se generalizarán en algún momento. La fuerte apuesta por su desarrollo de aquí en adelante podría ser fruto de la crisis económica que se avecina y de un punto de inflexión como el que ha sido el parón mundial por una pandemia.

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