Aprobada la nueva Ley de Cambio Climático y Transición Energética ¿alcanzaremos las cero emisiones de gases de efecto invernadero en 2050?

El pleno del Congreso de los Diputados ha procedido este jueves a activar la luz verde a la denominada Ley de Cambio Climático y Transición Energética. De esta manera, con el voto favorable de todos los grupos excepto Vox, que ha votado en contra, y del PP y Más País-Verdes Equo, que se han abstenido, se ha liquidado la deuda que traía contraída desde hace una década. Esta nueva ley, ha recibido críticas procedentes de los partidos de izquierdas y grupos ecologistas por la falta escasez de ambición a la hora de estipular los propósitos de recorte de emisiones para esta década.

“¿Es la ley que haríamos? No. ¿Es suficientemente ambiciosa? Tampoco. Pero sí que supone algo importante: el inicio de que el Gobierno es consciente de que algo ocurre en el planeta. Hay que dejar de jugar a la ruleta rusa en nombre del mercado libre”, comentaba Gabriel Rufián, diputado de Esquerra Republicana.

Por otro lado, la normativa ha sido aprobada a través de competencia legislativa plena en la Comisión para la Transición Ecológica del Congreso de los Diputados desde donde se envió a principios de abril al Senado. Allí se han incluido cinco enmiendas, por lo que el proyecto de ley ha regresado este jueves para su juicio final en el pleno de la Cámara Baja.

La nueva Ley, que entrará en juego al día siguiente de su publicación en el Boletín Oficial del Estado, tiene en consideración una reducción de emisiones de gases de efecto invernadero del 23 % hasta 2030 respecto a los niveles de 1990 y la finalidad de lograr la neutralidad climática como muy tarde a mediados de este siglo. De esta manera, se procura que España efectúe sus compromisos internacionales, como el Acuerdo de París. Y esto, supondrá prescindir de los combustibles fósiles y una conversión completa de la economía.

Para lograr estas intenciones en 2050, la norma propone una serie de fines intermedios y de medidas específicas para esta década. El Gobierno ha manifestado que el texto ya establece que esos objetivos se revisarán al alza en 2023.

Por lo tanto, se establece el desafío de lograr una inserción de energías de origen renovable en el consumo de energía final de, al menos, un 42 % y alcanzar un sistema eléctrico con un 74 % de producción por medio de energías de origen renovable, entre otras medidas para disminuir emisiones de gases de efecto invernadero.

“Es una ley que el país necesita y que se había postergado demasiado tiempo. Hay amenazas y riesgos que no distinguen colores políticos, pero que sí se ceban en los más vulnerables: nuestra generación tiene la gran obligación de afrontar el cambio climático. No queremos dejar un modelo de crecimiento insostenible abocado al colapso”, apuntabaTeresa Ribera, vicepresidenta cuarta del Gobierno y ministra de Transición Ecológica

La ley cuenta con las herramientas necesarias para conseguir esos objetivos: prohibición de buscar hidrocarburos en España, confección de un plan de eficiencia para los hogares, erradicar la venta de automóviles de gasolina o gasoil para 2040 o la obligación de diseñar zonas de bajas emisiones en las ciudades para modificar el patrón de movilidad urbana.

¿Una ley que llega ya tarde?

Si se tiene en cuenta que España es uno de los países más vulnerables del mundo frente al calentamiento global, y a ello se le suma que llega cinco años después de conseguir el Acuerde con París, se puede decir que la ley llega demasiado tarde. Asimismo, los grupos políticos y ambientalistas, que han reclamado durante años esta normativa ambiciosa, han mostrado su descontento.  

“La Ley necesita más ambición, más ambición, más ambición. Nos vamos a quedar otra vez a la cola de Europa ante el acelerón de países como Alemania”, decía Inés Sabanés, diputada de Más País-Equo.

Hasta el momento, no se contaba con ninguna estrategia para frenar las consecuencias que puede provocar el incremento de la temperatura media como, por ejemplo, una progresiva desertificación del terreno que amenaza especialmente al sur peninsular y al área mediterránea. El texto establece como propósito global de la Humanidad lograr acotar el calentamiento del planeta a menos de 2ºC, y, al poder ser, no sobrepasar el 1,5ºC en el año 2100. Por esta razón, las proyecciones científicas ya han advertido que la cantidad de gases de efecto invernadero que se emiten a la atmósfera deben reducirse en un 50% en esta década. De no ser así, la inercia climática hará inviable que el termómetro planetario no ascienda por encima de ese umbral en el medio siglo posterior.

No obstante, la normativa está elaborada para consumar con las metas definidas por la Unión Europea en relación con el Acuerdo de París. La intención es lograr que el continente consiga la neutralidad climática a mediados de siglo, es decir, no producir más dióxido de carbono del que pueda ser digerido por sumideros naturales, como los bosques. 

Abolición de la venta de vehículos de combustión para 2040

Al mismo tiempo, la Ley pronostica la eliminación de los vehículos de combustión como muy tarde en 2040, el veto de las prospecciones y explotación de hidrocarburos una vez que la ley entre en vigor, así como los proyectos de fracturación hidráulica y la minería de uranio. Por otro lado, establece una serie de limitaciones a los planes de energías renovables destinadas a que su despliegue se aborde en base a un mapa de zonas de especial valor para la biodiversidad. 

En 2023, como mucho, los municipios de más de 50.000 habitantes o de más de 20.000 deberán tener a su disposición áreas de bajas emisiones, sobre todo para cuando tengan problemas de calidad del aire. En esta línea, deberán apostar por sistemas de movilidad sostenible.

Por esta razón, los jóvenes deben apoyar la ley, ya que serán los más afectados por el cambio climático. De esta manera, se garantiza un futuro más sostenible, ya que si se aplica el proceso de cambio se verá acelerado.

“En los últimos dos años España ha avanzado más que nunca en asumir el liderazgo y en el compromiso de reducción de emisiones. Por ello, en el futuro se necesita a quien ha apoyado la ley, a quien no lo ha hecho y a quien se ha abstenido porque el cambio climático no puede esperar. Esta es una ley de todos y para todos”.Teresa Ribera

En definitiva, pese a ser una ley que llega con retraso, es la mejor para iniciar el punto de partida hacia el cambio, pese a que haya negacionistas que la tachen de insuficiente, poco justa y ambiciosa.

No se puede negar lo evidente. España necesita un cambio y por algo se tiene que empezar. No obstante, para ello, es fundamental la contribución de la sociedad y la implicación y voluntad de las administraciones. De esta manera, pese a que la normativa es un poco limitativa, se puede lograr un punto de inflexión para conseguir la neutralidad climática a mediados de siglo sin dejar a nadie por le camino. Para ello, es necesaria una revolución en el sistema energético y de transporte, ya que es el responsable de la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero.

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